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Para qué sirven los cuentos en la Escuela Infantil

En el proyecto educativo MiTete los cuentos forman parte del desarrollo de la creatividad, el desarrollo de la inteligencia y el desarrollo de las emociones de las niñas y los niños.

También, los cuentos sirven para para estimular el lenguaje, para discriminar fantasía de realidad, para aprender a dar y a recibir, para el desarrollo del arte, para jugar, para aprender a enfrentar conflictos y para desarrollar una identidad armónica.

10 son las claves por las que los cuentos son un soporte educativo donde los valores y el desarrollo de la  personalidad de cada niña y niño son amplificados.

Creatividad.

La palabra crear deriva del latín creare y significa criar, formar, componer algo novedoso. Para el diccionario Larousse (1998, p.295), creatividad es “poder de invención”. La creación implica vida, crecimiento, construcción, movimiento, libertad. Un cuento es una ficción, una fantasía, un invento, por lo tanto, sólo podemos crearlos cuando somos libres, cuando estamos abiertos. Al crear un cuento debemos poner en marcha todos los recursos posibles: fantasía, imaginación, vivencias, experiencias, emociones, utopías. (Colomer, 2006).

Inteligencia.

Todo cuento se desarrolla en un espacio y en un tiempo, categorías infralógicas que favorecen el desarrollo de la inteligencia. Jean Piaget (1994), entendía la inteligencia como la adaptación a situaciones nuevas, entendiéndose la adaptación como el permanente equilibrio entre los procesos de asimilación y acomodación a la realidad: equilibrio-desequilibrio-equilibrio. La inteligencia es adaptación. Existe adaptación cuando el organismo se transforma en función del medio. El cuento ayuda al desarrollo de esta función. Para poder seguir su hilo argumental es preciso evocar, representar sus contenidos, haber adquirido la función simbólica. Como todo cuento se da en un espacio y en un tiempo, se requiere de su retención y de su evocación por medio de una imagen mental. Todo ello implica, entonces, una serie de movimientos, de asimilaciones y acomodaciones, de equilibrios y desequilibrios, para su comprensión.

Emociones.

“El cuento es un instrumento ideal para que el adulto permanezca junto al niño”, señala Rodari (1996, p.34), por lo que cuando nos referimos a las emociones nos vemos obligados a pensar: ¿qué es una emoción? Dice el diccionario Larousse (1998, p.378),
emoción: estado de intenso tono afectivo que se presenta en situaciones subjetivamente importantes.
Los cuentos son un buen camino para recuperar las emociones perdidas o anuladas.

Lenguaje.

Para Bejarano (2011), el lenguaje es una función que permite expresar y percibir estados afectivos, conceptos, ideas, por medio de signos acústicos y gráficos. Y la lengua es la que especifica la manera de utilizar el material verbal para simbolizar la realidad exterior o imaginarla, es decir, mientras el lenguaje es la función, la lengua es el instrumento que pone en marcha dicha función a través de los sintagmas, las palabras.

Los cuentos favorecen, además, el enriquecimiento del vocabulario generando cada vez nuevas y más amplias posibilidades de expresión.

Como señala Matías (2012), los cuentos incentivan, posibilitan el desarrollo de la lectoescritura en los sujetos, entendiéndolo como un modo de comunicación, de mensajes, de ideas, de pensamientos, de una cultura y de, también, de afectos.

La estructura profunda del lenguaje es de naturaleza semántica, lo central es el significado, y el nudo central y semántico de la frase es el verbo. Si todo lenguaje implica, entonces, la vehiculización de un significado, los cuentos favorecen tal transmisión a través de los múltiples significados que cada uno de ellos aporta a quien los lee o escucha.

Fantasía-Realidad.

La fantasía es un instrumento para conocer la realidad. El lenguaje de los cuentos es un lenguaje fantaseado, imaginado. Los personajes, los lugares son pura ficción y cobran vida a partir del argumento, por medio de la historia narrada.
Para Sorolla (2014) la fantasía no es sólo una fuga de la realidad, es una concomitante, constante e inevitable de las experiencias reales en constante interacción con dichas experiencias. Entre las funciones del cuento podría destacarse, tomando en cuenta este concepto de fantasía inconsciente, la posibilidad de elaborar fantasías inconscientes terroríficas.

Nos movemos en paralelo en un mundo real y otro fantástico. Realidad y fantasía se entrecruzan permanentemente. La fantasía tiene que ver con nuestro mundo interno, con nuestros deseos. La realidad se relaciona con el mundo externo (Bruder 2004).

En la medida en que Freud (1980), con su última tópica, define el yo como una diferenciación del ello que resultaría del contacto directo con el mundo exterior, hace de él la instancia cuya misión sería garantizar el imperio del principio de realidad. Cuando prevalece en demasía el principio de realidad, provoca sujetos sobreadaptados al mundo, generando muchas veces trastornos psicosomáticos. Por eso, el uso del cuento puede resultar un buen camino para fomentar una mejor interrelación entre lo fantástico y la realidad.

Dar y recibir.

Si como Bruder (2004) afirma, en el dar y recibir se sintetiza nuestra esencia afectiva, nuestra capacidad de amar, somos lo que damos y también somos lo que somos capaces de recibir.

Pero al dar y recibir armoniosamente enriquecemos las relaciones humanas, aprendizaje que se desarrolla a lo largo de toda la vida y que es tan difícil de alcanzar.
El cuento es un buen aliado, un excelente vehículo que puede favorecer el aprendizaje propuesto.

Jugar.

“Al jugar el niño desplaza al exterior sus miedos, angustias y problemas internos, dominándolos mediante la acción” (Aberasturi,1981, p.79).

Si homologamos el jugar con los cuentos, podemos inferir que, por medio de los cuentos como mediante el juego, los sujetos pueden expresar todos sus afectos y vivenciar activamente lo que fue pasivamente vivido. Los personajes de los cuentos, como los juguetes, cobran vida en esa ficción, a partir del mecanismo de identificación.

El jugar, como el escuchar cuentos, favorece el desarrollo de una mayor integración entre la realidad del sujeto y su mundo fantástico.

Aprender a enfrentar conflictos.

Mientras vivimos, siempre estamos eligiendo. Por lo tanto, siempre estamos ganando algo y perdiendo algo. Aprender a enfrentar los conflictos es, sin lugar a dudas, un aprendizaje que nos acompañará de forma constante e ininterrumpidamente en el transcurso de la vida.
Como dice Bruder (2004) los cuentos son buenos aliados para aprender a resolver conflictos. En la partes constitutivas del argumento de un cuento, se distinguen: un principio o exposición en la cual se presentan los elementos que conformarán el relato, un nudo o trama en el que se presenta el conflicto a resolver, y el desenlace donde se marca la resolución del conflicto presentado.

Cualquier pérdida, cualquier conflicto puede ser planteado por medio del cuento.
Leerlo en el momento apropiado, crearlo, recrearlo, concede y contagia al sujeto un alivio frente a los conflictos que su propia vida va poniendo en su camino.

Identidad.

“El niño al nacer trajo la expectativa del tipo de padres que vendrían a su encuentro. La totalidad de sus experiencias con ellos y con el mundo determinarán ahora su forma de anhelar y recibir un hijo” (Aberastury, 1981, p.57).

La identidad nos marca, nos señala, es lo que nos distingue de los otros. Cuando uno habla, habla desde quien es. La identidad implica un nombre y un apellido. La identidad nos hace únicos e irrepetibles. Nos reconoce como sujetos. La identidad nos remite a una cultura. Le otorga un sentido a la vida.

La relación entre los cuentos y la identidad viene dada porque si los cuentos son mensajes a transmitir, historias que narran vidas de personajes, y si detrás de cada personaje se oculta una máscara, un disfraz del sujeto que inventa ese cuento, bien podríamos concluir en que la creación de los cuentos es una excusa para contar y contarnos quiénes somos, qué sentimos, qué deseamos, para qué vivimos. (Bejarano, 2011)

La función de los cuentos y de las historias es ayudar a sus destinatarios a reconciliarse con sus propios impulsos, con la realidad de la vida, donde por supuesto existe el otro y los demás, pero también el mal y la muerte.
Este análisis de los para qué del cuento no pretende estar finalizado. En realidad se trata de una apertura para seguir indagando los beneficios que nuestro enfoque del cuento, su creación o recreación, llevan implícitos.

Fuente original: Carmen Sánchez Cuenca

 

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