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Cómo los padres inuit enseñan a sus niños a controlar la ira

En MiTete, os traemos una historia de las que se quedan en nuestro pensamiento y nuestros corazones.

En la década de 1960, una estudiante graduado de Harvard hizo un descubrimiento histórico sobre la naturaleza de la ira humana.

A los 34 años, Jean Briggs viajó por encima del Círculo Polar Ártico y vivió en la tundra durante 17 meses. No había carreteras, ni sistemas de calefacción, ni supermercados. Las temperaturas en invierno podrían descender fácilmente por debajo de menos 40 grados centígrados.

Briggs persuadió a una familia inuit de “adoptarla” y “tratar de mantenerla con vida“.

Briggs rápidamente se dio cuenta de que algo sorprendente estaba sucediendo en estas familias: los adultos tenían una habilidad extraordinaria para controlar su ira.

Pero, ¿cómo los padres inuit enseñan a los niños a controlar su ira?

Briggs encontró una pista… Ella estaba caminando por una playa pedregosa en el Ártico cuando vio a una joven madre jugando con su niño pequeño, un niño pequeño de aproximadamente 2 años. La madre cogió una piedra y dijo: “¡Golpéame! ¡Pégame más fuerte!”. 

El niño arrojó la piedra a su madre, y ella exclamó: “¡Oooow!  ¡Eso duele!”.

Briggs se quedó completamente aturdida al ver lo que estaba sucediendo. La madre parecía estar enseñando al niño lo contrario de lo que los padres quieren. Y sus acciones parecían contradecir todo lo que Briggs sabía sobre la cultura inuit.

Briggs, pensó: ¿Qué está pasando aquí? 

Resulta que la madre estaba ejecutando una poderosa herramienta de educación para enseñarle a su hijo a controlar su ira.

Para entender esto un poco mejor, y sobre todo la cultura educativa de los Inuit, los padres asisten a la escuela infantil donde los educadores les enseñan cómo sus antepasados ​​criaban a los niños pequeños.

Una regla de oro que los inuit profesan es no gritar ni gritar a los niños pequeños.

La crianza tradicional de los inuit es increíblemente cariñosa y tierna. Si tomamos todos los estilos de crianza en todo el mundo y los clasificamos por su gentileza, el enfoque inuit probablemente se ubicaría cerca de los más top. (Incluso tienen un beso especial para bebés, donde pones la nariz contra la mejilla y hueles la piel).

La cultura inuit considera que regañar, o incluso hablar a los niños con voz de enfado, es inapropiado.

Por poner un ejemplo: Cuando un niño se porta mal lo primero que solemos hacer es levantarle la voz, y de paso enfadarnos con él. ¿Qué solemos lograr con este comportamiento? Les estamos enseñando la emoción del enfado. Cuando le gritamos a un niño, o incluso le lanzamos una amenaza como ‘Estoy empezando a enfadarme‘, estamos entrenando al niño para que grite. Los estamos entrenando para gritar cuando se enfadan y que con ese grito se resuelven los problemas”. Nada más lejos de la realidad, verdad?

En contraste, los padres que controlan su propia ira están ayudando a sus hijos a aprender a hacer lo mismo: “Los niños aprenden la regulación emocional de nosotros”.

En resumen

Todas las mamás y los papás saben que no deberían gritarles a los niños. Pero si no regañas o hablas en un tono de enfado: ¿Cómo educas? ¿Cómo evitas que tu hijo de 3 años corra hacia la carretera? ¿O que deje de  golpear a su hermano mayor?

Durante miles de años, los inuit han confiado en una herramienta antigua con un giro ingenioso: La narración de historias para educar. Estas son historias orales transmitidas de una generación de inuit a la siguiente, diseñadas para esculpir los comportamientos de los niños en el momento. A veces incluso les salvan la vida.

Por ejemplo, ¿cómo enseñas a los niños a mantenerse alejados del océano, donde podrían ahogarse fácilmente? En lugar de gritar: ¡No te acerques al agua!. Los padres inuit toman un enfoque preventivo y les cuentan a los niños una historia especial sobre lo que hay dentro del agua. “¿Os acordáis del hombre del saco?” Pues más o menos igual.

Al principio, estas historias pueden parecer demasiado aterradoras para los niños pequeños. Pero, como padres y educadores, tenemos que saber dónde está el balance para hacer llegar el mensaje sin crear miedo en los niños. La narración de historias nos acompaña desde hace miles de años y es una forma de educar clave en que los padres y educadores enseñan a los niños acerca de los valores y cómo comportarse.

Esperamos que esta historia os sirva de guía o de reflexión para seguir el camino (que no es fácil) de la educación en valores y gestión de las emociones de los peques 👦🏻🧒🏼👶🏻.

 

Contáctanos o visítanos para obtener más información sobre nuestra escuela infantil.

 

 

Artículo original (ING) escrito por: Michaeleen Doucleff y Jane Greenhalgh.

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